Este año hemos conseguido abrir nuevos caminos en el cine español, a saber: la gran superproducción épica ('Alatriste'), el slasher de qualité ('H6, diario de un asesino') o la alta comedia a lo Blake Edwards ('Desde que amanece, apetece'). Parecía que íbamos a despedir el año sin siquiera tocar el terreno del retrato generacional de rabiosa actualidad, pero Bigas Luna ha estrenado 'Yo soy la Juani'. Ya puedo dormir tranquilo.
La Juani es una cajera de Mediamarkt que vive en el extrarradio barcelonés y sueña con ser actriz. Su novio, el Jonah, es un mecánico que vive por y para el tuning, gastándose todo el dinero en equipos de sonido Bosé para su Seat León maqueado. Bueno, también tiene tiempo para pasarse por la piedra a la Juani rociándole el chichi con desodorante Sport Man. La mejor amiga de la Juani es la Vane, cuya máxima ilusión en la vida es operarse las tetas en Corporación Dermoestética. Un buen día, la Juani y la Vane se van a Madrid en el Alsa, a cumplir sus respectivos sueños. Se compran muchas cositas en el Zara y el Mango del Plaza Norte y se ponen a trabajar como azafatas de promociones en el Carrefour. La Juani ya está en la capital, ¿tendrá lo que hay que tener para conseguir su meta?
Vale, creo que es el mejor resumen que puedo hacer. Si pongo todos los anunciantes que salen en la película, no acabamos.
Bigas Luna, capaz antaño de provocar pequeños cataclismos sociales ('Bilbao', 'Caniche', incluso 'Las edades de Lulú'), se ha metido en un jardín que ni le toca, ni llega a comprender del todo. Él declara que su intención es retratar a la "nueva mujer española". Pues vale. Pero no me parece de recibo hacerlo a costa de deformar las circunstancias que rodean a esa mujer. Y es que recurriendo al topicazo cañí (madre folclórica, padre alcohólico, novio putero, amiga tonta, y así hasta el infinito), la Juani, con su honestidad brutal y sus ideas claras y modernas, resulta fuerte por contraste. Pero ese mismo personaje, enfrentado a una realidad menos "matrix" (madre y padre trabajadores, novio legal, amiga sensata) nos daría una cantidad de matices que la susodicha Juani sólo alcanza en sus mejores momentos. Bigas Luna falsea el mundo que rodea a la Juani, y acaba traicionando la pretendida autenticidad del retrato social.
Otra cosa que no entendí es que, en el "universo Juani", no existen el alcohol (bueno, el padre alcohólico bebe vino), el tabaco o las drogas. Nada. Cero. O que los chavales escuchen en sus coches el "chikitán-chikititán-tan-tan" de Chimo Bayo que yo mismo escuchaba hace 15 años. O que la humilde cría y su amiga, recién llegadas a Madrid, se vayan a uno de los centros comerciales más caros de la ciudad, se líen a comprar ropa y accesorios, y se financien una operación de estética y un curso de interpretación respectivamente antes incluso de encontrar trabajo. Real como la vida misma, sí, claro.
Pero lo más frustrante del tema es que 'Yo soy la Juani' acaba siendo una especie de cuentecillo en el que sobrevuela la misma cantinela que en tantas y tantas ocasiones nos quieren colar desde el Hollywood más rancio y ochentero: si tienes un sueño, abandónalo todo y lucha por él, que tendrás tu recompensa. El título de la futura segunda parte, 'La Juani en Hollywood', así lo señala. Malo, malo.
Intenciones y discurso fallido aparte, lo que redime un poquitín a la película son algunos aciertos estéticos (inteligente el uso de los SMS a pantalla completa y la curiosa presentación de los créditos finales al principio del film), una potente banda sonora (que a veces convierte la película en un mero videoclip), y que, contra todo pronóstico, lo peor de la función no acaba siendo el segundo cuellicorto más famoso de España, Dani Martín. De hecho, lo más creíble de 'Yo soy la Juani' resultan ser la pareja central en la primera media hora (aceptable Verónica Echegui como Juani, en un papel muy limitado). Pero a partir de que la Juani se va a Madrid, el tópico se adueña de la función, y nada de lo que intentan contarnos mueve al interés. Más bien al contrario.
Un 4'5, por algunos detalles técnicos y por la aparición de un personaje llamado "Raúl", jugador de fútbol, ligón nocturno y con mujer y niño. Blanco y en botella...