lunes, enero 14, 2008

LOS FRODOCRÍMENES


Vuelve Alex de la Iglesia, con una propuesta atípica en él: un thriller matemático. 'Los Crímenes de Oxford' es su regreso a la producción internacional, y demuestra que los presupuestos holgados y el cine de género no son un secreto para él. Estos crímenes sirven también para mostrarnos a un de la Iglesia menos crispado y espectacular, pero capaz siempre de sacar la mala leche hasta de una historia tan convencional, en el fondo.

Martin (un Elijah Wood demasiado "frodiano") viaja a Oxford para realizar su tesis de fin de carrera, con la esperanza de que el prestigioso matemáitco Arthur Seldom (magistral John Hurt) sea su tutor. La irrupción de un enigmático asesino en serie hará que Martin y Seldom pasen a ser colegas detectives en una carrera por descubrir el patrón de unos crímenes que parecen expresamente diseñados para retarles.

Arropado por su equipo habitual y apoyado en un potente reparto, Alex de la Iglesia nos regala una producción que se mueve con soltura por todos los lugares comunes del género, a veces quizá demasiado. Partiendo de la novela del argentino Guillermo Martínez, el director y Jorge Guerricaechevarría siguen las líneas del cine de detectives estándar, incluyendo un buen puñado de sospechosos, un policía inepto y las referencias a la teoría del caos, el número Pi, la proporción áurea o el principio de indeterminación de Heisenberg (Ah, las matemáticas, cuánto glamour añaden a una trama). Al final, como suele ser habitual, la ecuación se simplifica y se despeja de manera algo suave y tramposilla, pero eficaz. Otra buena muestra de que los directores españoles también saben hacer cine de cara al espectador medio, quiza sin demasiado brillo pero sin engañar ni ofender al público.

Y aun moviéndonos en terrenos convencionales, los mejores momentos de estos 'Crímenes de Oxford' son los guiños y tics del de Bilbao, como los secundarios desquiciados y desquiciantes, los cadáveres esperpénticos o el momento "plano secuencia virtuoso", que en este caso logra enlazar de forma magnífica a todos los personajes clave de la película en un movimiento de cámara al más puro estilo "intro de los Simpsons".

En el capítulo de interpretaciones, un blandito Elijah Wood cede el peso de la película a esa enorme presencia que es John Hurt. En un papel pensado inicialmente para Michael Caine o Jeremy Irons, Hurt se recrea con un personaje cínico y pedante, empeñado en demostrar que la verdad no existe a través de palabras, gestos, miradas... el mismo de la Iglesia ha señalado que la esencia de la película se condensa en el rostro del actor británico, en su capacidad de comunicarnos que la única verdad es que la verdad al 100% no existe. Del resto del reparto destaca una estupenda Julie Cox, quedando Leonor Watling, Dominique Pinon y un histriónico Burn Gorman en un discreto segundo plano.

Y en el aspecto técnico, Kiko de la Rica consigue una estupenda factura visual (con momentos brillantes como el citado plano secuencia). La correcta dirección artística corre a cargo de Maria Chryssikos, y la música de Roque Baños alterna momentos brillantes con otros en los que subraya demasiado.

En resumen, balance positivo para la primera gran producción española del año. Quizá falta algo de fuerza en su resolución y quizá un protagonista con más garra habría dejado mejor sabor de boca, pero aún así Alex de la Iglesia se las apaña para satisfacer a los incondicionales del género detectivesco. Un 6'5.

domingo, enero 13, 2008

THEY GOT GAME

La grandeza del documental es que estás filmando un trocito de vida real, y nada sale exactamente como lo habías planeado (a no ser que seas Michael Moore). Un claro ejemplo de esto es 'Hoop Dreams', el conmovedor film de Steve James que comienza hablando sobre baloncesto y termina haciéndote reflexionar sobre la capacidad del ser humano para realizar tus sueños, contra viento y marea.

'Hoop Dreams' sigue los pasos de dos chavales de 15 años, William Gates y Arthur Agee, que comparten un sueño: llegar a la rutilante NBA de principios de los 90. Ambos están entre los mejores jugones de los peligrosos playgrounds de Cabrini Green, en el Chicago de las bandas y el crack. Y ambos son seleccionados por la prestigiosa St. Joseph´s High School, cuna de jugadores legendarios como Isiah Thomas. ¿serán capaces Will y Art de seguir brillando en un entorno tan exigente, en pleno ascenso a la meca del basket?

El gran mérito de 'Hoop Dreams' es que dura casi tres horas y ni te enteras. Parte del documental deportivo al uso, con chavales intentando emular a su ídolo, pero muy pronto te das cuenta del peso que un entorno como el de Will y Arthur supone: familias viviendo en el umbral de la pobreza, amigos poniéndote al límite de la ley, embarazos adolescentes... si a eso sumamos un sistema educativo que gira en torno al éxito y olvida al segundón y unas exigencias deportivas francamente duras para críos de 16 años, nos encontramos con una verdadera odisea. Un viaje en el que vemos cómo los niños se convierten en hombres, y cómo la vida pone a prueba sus ganas no ya de triunfar, sino de sobrevivir.

Steve James, para colmo, resulta ser un gran director. Alterna episodios deportivos brillantes y verdaderamente épicos (desde 'Hoosiers' no había vivido momentos tan apasionantes) con imágenes que retratan un modo de vida al límite (la familia viviendo sin luz eléctrica, los trapicheos de drogas del padre de Arthur ante la mirada de su propio hijo). Y siempre con un enorme respeto por todos y cada uno de los personajes. La mirada limpia del director nos permite emocionarnos con cada pequeño pasito que los dos protagonistas dan en su lenta ascensión (los seguimos a través de cuatro años) a la fama.

Como único pero podría señalar la excesiva duración de la película, pero reconozco que al final no podía creer que me había tragado un documental de 170 minutos, de lo rápido que pasó. Por lo demás, una delicia no sólo para apasionados del basket, sino para cualquier amante del documental sin trampa ni cartón. Un 9.

miércoles, enero 09, 2008

SKINZOMPIROS

Adaptar: Modificar una obra científica, literaria, musical, etc., para que pueda difundirse entre público distinto de aquel al cual iba destinada o darle una forma diferente de la original.

Ateniéndonos a la acepción de la R.A.E., podríamos decir que 'Soy Leyenda' de Francis Lawrence cumple al menos uno de los requisitos necesarios para ser considerada una adaptación de la soberbia novela de Richard Matheson. Pero un tal Alfred Hitchcock, experto en adaptaciones, venía a decir, más o menos, que "el secreto de la adaptación es comprender la idea principal e ignorar el resto".

Si hacemos caso a ésto último, 'Soy Leyenda' no es más que un soso (y pulcro, eso sí) remake de 'El último hombre vivo', la macarrada setentera de Boris Sagal y Charlton Heston. Porque cae en el mismo tic que la anterior versión: olvidarse de por qué (y para qué) escribió Richard Matheson el original.


En esta ocasión, Robert Neville (un más que aceptable Will Smith) es un virólogo militar que resulta ser el único superviviente a una devastadora plaga que destruye al 90% de la población mundial y convierte al resto en depredadores inhumanos con problemas de alopecia y sensibilidad extrema a los rayos ultravioletas. Sus únicos impulsos vitales son encontrar la cura para el virus, contactar con otros posibles supervivientes y verse un videoclub entero en orden alfabético. Hasta que un día...


Francis Lawrence ha facturado un inofensivo blockbuster a la mayor gloria de Will Smith, pero siguiendo la línea post-apocalíptica del 'Omega Man' de Sagal e introduciendo con calzador un fuerte elemento religioso en el último tramo de la película. Además, convierte a los vampiros violentos pero racionales del original de Matheson en una mezcla de chupasangre, zombie y skinhead que le vienen al pelo para meter otro mensajito sobre el racismo y la xenofobia. Curioso punto éste: mientras en el libro original el protagonista pasa a ser de cazador de monstruos a monstruo cazado, en esta 'Soy Leyenda' no sólo no cambia su punto de vista, sino que se permite el lujo de marcarse un discurso contra el racismo y la violencia después de pasar tres años, tres, machacando a la nueva especie para "curarlos". Pobre y pacifista militar, acribillando "bichos" con su rifle de mira telescópica.


Y es que el guión que han pergeñado Mark Protosevich y Akiva Goldsman presenta varias incoherencias menores más (SPOILER: si Manhattan fue aislada del resto del país, ¿cómo entran Anna y su hijo con su flamante todoterreno?), pero su mayor pecado es ser más una variación que una adaptación: vacía el original, coge la cáscara y añade lo que más conviene en este momento. El vaciado es tal que hasta el título pierde todo su sentido, recurriendo a una vergonzosa parrafada final en off para tratar de arreglarlo.

Por otra parte, la factura técnica del producto es bastante buena, con una acertada fotografía de Andrew Lesnie y un notable diseño de producción de Naomi Shohan. Los efectos digitales son más discutibles, con un diseño de criaturas ramplón y muy lineal (hasta los orcos de Moria eran más variados).


En fin, que nunca sabremos cómo habría sido este proyecto con Arnie Schwarzenegger a la cabeza. Nos queda esta visión simplista y maniquea, a medio camino entre la súperproducción palomitera y el cine con mensaje, de uno de los clásicos de la ciencia-ficción del siglo pasado. Visto lo visto, podrían haber cambiado el título. Un 4.

L.A. Gasol!